martes, 17 de abril de 2012

La sensibilidad o el sentido común

En el día a día, y más con los tiempos que corren, nos podemos encontrar con situaciones parecidas a las que voy a relatar, pero no quiero hacer conciencia, ni pretendo adoctrinar, sólo me gustaría reflexionar y satisfacer la necesidad de buscar una solución, que no tengo y tal vez alguien que lea este relato, pueda ver con más claridad y tenga la amabilidad de comentarme algunas soluciones que se les pueda ocurrir.

Esta mañana, justo después de mis diligencias bancarias, me disponía a tomar un desayuno, nada más sano que desayunar media tostada con mantequilla y un café con leche, en una cafetería, que suelo frecuentar, sólo cuando estoy por esos alrededores, mire a mi alrededor y vi cuantas personas estaban en la cafetería, a mi derecha dos mujeres, cada una en su mesa, y a sus espaldas un hombre y una señora mayor en la barra, la cafetería la atienden dos chavalas jóvenes, muy jóvenes, trate de ponerme a leer las noticias, lo que sucede en el mundo, desde el ipad,  mientras, un fétido olor despierta mi curiosidad y unas nauceas que cortaron mis ganas de seguir comiendo, miro hacia la puerta se ve a un hombre de avanzada edad, en estado de mendicidad, con la apariencia desaliñada de una persona que no se ha aseado en tiempo, y que además, ha hecho todas la necesidades fisiológicas, naturales, encima. Aun así observo, desde mi mesa , que el hombre lleva una chaqueta, reloj, cinturón y el pantalon bajo las caderas; esté señor entro en la cafetería, supongo, como es normal, a pedir algo de comer o a comprar, cuidado, que la señorita que estaba detrás de la barra no le permitió hablar, entonces no puedo decir que era lo que quería, pero sí intuirlo. La chica le informa que no puede estar allí, y el buen hombre responde, como sorprendido, " AHH!" baja la cabeza y se da media vuelta, sin nada que comer en las manos, vuelvo a mirar a mi alrededor a las personas que están sentadas en las mesas, y las cara de asco que tenían eran un poema. Lo que sentí no lo puedo describir. Pensé que en la cafetería podían darle algo de comer, pero no fue así, la verdad es que, me pude haber levantado y pedirle un bocadillo, incluso un café, y no lo hice, reaccione tarde, cuando lo pretendí hacer, el señor se había marchado. Por supuesto las camareras, medio di justadas por el mal momento, tuvieron que volver a sacar el ambientador y dejar la puerta abierta para que se ventilara el lugar. Tampoco creo que me hubieran permitido sentar al hombre en la teraza. No tarde en salir para ver si me lo encontraba, y de hecho, lo volví a ver, pero no quizo que le ayudara, bajo el rostro y no recibió el dinero. Entonces me sentí muy mal, porque yo tenía prisa y no disponía de tiempo para llamar a alguna institución que se encargara de aquel hombre que está en una situación insalubre.

No pude ayudarlo, y el sentimiento de impotencia, es doloroso, hasta para cuando se trata de solidaridad.

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